9.361 y el Dr. Jekyll y Mr. Hyde

OPINIÓN GP | JAVIER RUIZ @sevennorth | LA COLUMNA DEL 5

9.361 aficionados fuimos a los Cármenes el sábado. A las 20:30 horas, en el mes de enero, en Granada, en la falda de Sierra Nevada. La sensación térmica era de aventura en Alaska, de gulag en Siberia, de excursión por las cumbres de Sierra Nevada. ¿La entrada más floja del año? ¿Qué interés tiene poner un partido a esa hora pudiendo jugar a las cuatro de la tarde? Ninguno. ¿Quién verá el partido fuera de Tenerife o Granada? Nadie o pocos. ¿Cuántos de esos lo verían a las cuatro? Casi todos. El destrozo que se está haciendo en nuestra liga con la afición al fútbol es tremendo y se pagará caro. Debajo nuestro, la grada de animación, se quejaba de que no se animaba. Cuánta falsedad, cuánta tontería.

Empezó el Granada con la imagen del Dr. Jekyll: Montoro en el campo —¿cuándo recuperaremos para la causa a Baena?—, Machís con nervio, todos enchufados y cuando todos están enchufados el Granada es probablemente el mejor equipo de la Segunda División. Ningún equipo ni dentro ni fuera ha sobrevivido a esos minutos del equipo cuando entra en trance, cuando el señor Jekyll muestra su elegancia inglesa y todo fluye y se olvida el tremendo frío y la segunda y los horarios de mierda y la vida y el fútbol —algunas veces— nos transforma en gente feliz. Opio del pueblo. Poco tomamos.

Cogió Machís el balón y pensé que era demasiado lejos de su sitio, de su jugada. Él, no. Un recorte y el golpeo de siempre. Como esa canción que suena algunas mañanas para reconfortarte con el mundo y poder llegar al trabajo sin caerte. Por la escuadra: ocho goles lleva. Todo es más fácil si en el campo están los mejores y están sanos.

Al poco, Peña miró al portero (creo) y lo vio adelantado y lanzó una suerte de obús teledirigido que parecía ir hacia arriba pero giró hacia abajo y hacia la derecha. Un gol incomprensible por la distancia, la dificultad, el atrevimiento. Lo veo ahora en vídeo y es aún mejor que en el campo. Un enorme golazo. Un trozo de felicidad pura. Más opio.

La grada de animación —¿qué seremos los aficionados?— comenzó a corear a Quique Pina y el resto del público los calló pitando. Pensé que Pina era uno de los nuestros y mi compañero de asiento me devolvió a la realidad: es un corrupto. Bien el público, mal yo. Qué difícil es no pensar que hay tantos iguales, tantos peores que él en el fútbol. Gente que nos roba y no sólo nos roba en el fútbol. Que haya tantos peores no significa que no esté bien que cojan a alguno. Si son ciertas las acusaciones, y el agua suena tanto y tan alto que es poco probable que el río venga seco, no es uno de los nuestros. Es de ellos, de los de siempre.

El equipo llegaba y llegaba: Ramos, Machís de nuevo, tres, cuatro o cinco ocasiones claras. El Tenerife nos miraba jugar y cada jugada acababa en un ay, en una sonrisa de felicidad. Hacía menos frío. Peña y Montoro que tocaban y Kunde que llegaba y cubría. Machís que amenazaba desde la izquierda y me hacía olvidar la aversión que tengo por los extremos a pierna cambiada. Ramos que da un curso de fútbol en cada movimiento, en cada jugada. Cómo se aprende viendo a los delanteros inteligentes. Todo bien. Menos el árbitro que no sólo se dedicó a sacar tarjeta absurdas si no que, peor, pitó el final del primer tiempo.

El descanso. No nos queda nada, pensé, turbio. Mr.Hyde calentando en la banda como una sombra siniestra. El frío, la vida, la realidad, los desplazamientos fuera y las segundas partes. Los fantasmas del pasado y todos los del presente. Primero pareció que era el Tenerife el que había cambiado y luego hubo que admitir que el Granada ya no era el que había sido. Que Peña con veintipocos años tenga tan pocos minutos plenos es un misterio. Que el equipo se relaje, se tire atrás y comience a rifar balones es otro. Y el árbitro: el peor que ha pasado por aquí. Peor que el frío y el horario. Peña va a ser cambiado. Según el criterio del árbitro no camina a la velocidad adecuada. Lo expulsa. El desastre. Falta lateral. Gol. Tenemos uno menos y quedan cinco minutos y el descuento y es una final porque tenemos que ganar y está cayendo una manta de frío polar sobre nuestra cabeza y la vida está ahí y el fútbol y ay. El campo anima y el equipo sabe sufrir. Se suceden las ocasiones del Tenerife como en el primer tiempo se sucedieron las del Granada. Hay un par de milagros y el tiempo, tan lento en la penuria, no pasa. Y el árbitro no pita. Y el equipo se encierra.

Y no. Hay cosas que acaban bien. Mr. Hyde abandona cabizbajo el campo.

Nos vemos el viernes a las 21:00 horas, Valladolid, con suerte habrá algún grado sobre cero y el Dr. Jekyll nos acompañará. Fútbol, opio, poco tomamos.

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