¿A qué hora es el partido?

OPINIÓN GP | FRANCISCO GONZÁLEZ GARCÍA | DESDE EL FONDO DE LA CÁRCEL
Cartel histórico del Granada CF

La pregunta con la que encabezo este “fondo de la cárcel” es algo habitual en nuestros tiempos, tiempos en que el horario de los partidos los imponen las cadenas televisivas. La imposición del dinero lleva a que los partidos se jueguen con intervalos de dos horas, desde las doce del mediodía hasta las diez de la noche; y en el remate del disparate de viernes a lunes. Todo sea para que los chinos o los que estén dispuestos a pagar desde el salón de casa puedan ver un partido tras otro. Todo sea por los ingresos televisivos y así los aficionados tenemos que estar atentos cada semana al día y a la hora en que nuestro equipo juega, y no lo sabemos hasta unas dos semanas antes de partido. Al Granada le tocó el lunes a las 20.30 horas, una hora y día muy futbolístico, sin duda.

Imagino los problemas de biorritmos y demás cuestiones técnicas que deben tener en mente entrenadores, fisioterapeutas, nutricionistas y todo el conjunto de profesionales que se mueven alrededor del complejo mundo del fútbol, con los dichosos horarios; y no digamos para programar viajes y estancias cuando se juega de visitante.

En las categorías por debajo de la segunda división los horarios tienen una mayor lógica, son digamos como más clásicas. Aquello de jugar el domingo a las cuatro de la tarde o el sábado a las cinco; siempre que no coincida con un Madrid – Barcelona o cualquier otro partido que pueda arrastrar a la afición fuera del estadio, que todo vemos en los horarios.

Podemos recordar, incluso, partidos de primera división que se han jugado a las doce de la noche, bueno a las 00:05, como aquel Barcelona – Sevilla de la liga 2003-2004 que se jugó en una madrugada de septiembre tras no ponerse de acuerdo los clubes sobre el día a jugar y otras historias protagonizadas por el presidente Laporta.

Todo esto parece muy complejo, tan complicado e ilógico como pretender que en Sevilla se juegue a las 16 horas en un octubre que parece junio y además con balón amarillo de invierno porque ya hemos cambiado la hora. Me permitan opinar que algunos directivos están tontos.

Hubo tiempos en que no había que preguntar la hora del partido porque la naturaleza se imponía y la tecnología era otra. En los inicios del fútbol, los partidos, en particular en otoño-invierno, se jugaban por la mañana o primeras horas de tarde, entre las 12 y las 15 horas era el horario de comienzo. Posteriormente se estabilizó el horario de las 16 horas como momento del inicio cuando las tardes ya tenían más horas de sol.

Todo empezó a cambiar cuando llegó la denominada “iluminación artificial” a los campos de fútbol, de mano del despegue económico en la década de los años 60 del siglo XX. También influyó el inicio de las retransmisiones televisivas de los partidos que exigía una iluminación mayor del campo de juego. Incluso en la actualidad se encienden “los focos” aunque el partido sea a las doce de una radiante mañana de mayo. Comentemos que en algunos países, por así denominarlos, estilo Moldavia, Kosovo, Georgia y otras repúblicas post soviéticas no son raras las veces en que para iluminar el estadio donde juega la selección nacional se tenga que dejar casi a oscuras al resto de la ciudad. Todo sea por encender los sentimientos nacionales.

Termino esta página comentando la imagen que la ilustra. Corresponde al cartel que anunciaba el partido Granada – Zaragoza de la temporada 1966-67, era el domingo 18 de septiembre de 1966. El Granada CF jugaba su primer partido en casa de esa liga, tras ascender de la segunda división al imponerse al Club Deportivo Málaga en una promoción histórica (por entonces se jugaban promociones, no play-off).

Aquel partido, descrito en todas las crónicas de la historia del Granada como maravilloso, acabo con una victoria por 6 a 2, ante el mejor Zaragoza de su historia. Había sido cuarto en la liga anterior y le había ganado la Copa del… Generalísimo, es decir del dictador Francisco Franco, de ese año 1966 al mismísimo Bilbao (el campeón de copas de aquellos años).

Todo eso está escrito. Yo les llamo la atención en la hora del partido, que se puede ver en el cartel: A las SIETE menos cuarto de la tarde. No se estilaba aquellos de las 18:45, probablemente porque nadie tenía relojes digitales en 1966.

O sea que a mitad de septiembre el partido empezaba casi a las siete para acabar sobre las nueve de la noche, 21 horas. En esas fechas, el sol se pone en Granada sobre las 19 horas y 20 minutos; eso es una constante de la naturaleza, mientras el planeta siga la órbita actual.

En aquellos años manteníamos un horario adelantado de una hora, es decir el sol se ponía en los relojes de los aficionados a las 20 horas y 20 minutos (vamos a las las ocho y veinte de la tarde-noche); en todo caso podemos estar seguros que en el campo de juego desde casi la mitad de la primera parte si iba a ver bastante poco. La solución estaba en la iluminación artificial, por supuesto. Fíjense en el cartel y verán dibujada una torre de focos que atraviesa los nombres de los equipos.

En esa jornada se inauguró, en partido oficial, la “flamante” iluminación artificial de Los Cármenes; que en realidad ya se había usado por primera vez en un partido amistoso jugado catorce días ante un equipo portugués dos semanas antes. El Granada se sumaba al desarrollo tecnológico de la época. En las fotos que podemos encontrar del viejo estadio lucirán desde ese momento las “torretas” de la luz, con aquellas botellas gigantes de Coca-Cola pegadas como publicidad. Ya no iba a ser necesario que luciera el astro sol para jugar. Y podíamos empezar a preguntarnos a qué hora sería el partido.

 

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