Día 18 – Fracaso

OPINIÓN GP | JAVIER RUIZ @sevennorth | La AntiCrónica

Telecinco cierra el partidazo entre Bélgica y Japón diciendo que nos van a contar cómo ha llegado España a Madrid. Cómo no nos interesa, nos interesa el porqué. Porqué se ha destruido el equipo que humilló a Italia 3-0 en la clasificación, el que goleó a Argentina, el que compitió en igualdad contra Alemania y Brasil. Todo esto durante este 2018 y tan lejano ya.

La importancia de los entrenadores se ve mejor con los ineptos. Orenga, entrenador del que probablemente sea el mejor grupo de jugadores de la historia del baloncesto español, fracasó estrepitosamente en el mundial jugado en España mientras Scariolo, con trozos de ese mismo grupo saca petroleo en cada competición. Ancelotti no era tan bueno hasta que vimos a Benítez. Pep ganaba por Messi y se fue y ya no ganaron tanto. Lopetegui trajo a este grupo hasta aquí y lo lógico es que hubiera estado hasta el final del campeonato. Somos un país ridículo pero capaces de empeorar: he leído —espero que sea un rumor alocado— que Jémez suena para la selección. No nos merecemos tanto castigo.

Ramos, un central, fue el jugador que más pases dio del equipo y del mundial en un partido. Pases atrás, en horizontal. Alguien olvidó que con Luis y Del Bosque se tocaba como estrategia para ganar y no para sumar toques. Se tocaba porque éramos más técnicos —contra Italia, 3-0, hace un par de meses— y podíamos tocar y tocar y entretener para llegar y marcar. Uno, dos toques, sin conducciones, sin apenas regates pero con tanta paciencia como intención. El sistema que nos llevó a ser los mejores del mundo no es lo de ayer. Lo de ayer es una burda imitación sin ambición, un fracaso.

El líder era Lopetegui. Qué mas da que se fuera después del mundial al Madrid o al infierno. De haber alguna cuenta pendiente con el ego de Rubiales, tiempo —y árbitros— tendría de saldarla. Lo único que tenemos que exigir siempre en este teatrillo llamado fútbol es que los actores no nos digan que están actuando. Respeten la ficción, imbéciles, su transparencia y su dignidad no nos importan una mierda.

Los media han estado hablando de Messi y Cristiano, en un mundial. El país está desenfocado pero, siendo un mal genérico, las élites, los dirigentes, los periodistas, los dueños de los media, han entrado en una dinámica difícil de analizar sin pavor. Todo se convierte en una polémica absurda, todo es enfrentamiento Madrid-Barcelona. Un periodista critica a Isco y lo hace no porque no juegue bien sino porque dice que en la selección se pretende virar hacia un mayor poder de Madrid. La prensa de Madrid salva a Isco, “el mejor del equipo”, sin ver que en casi todos los partidos no ha entendido lo que el equipo necesitaba. Ha conducido, ha perdido balones y ha tropezado contra defensas. Ha perdido 92 balones y no ha dado ninguna asistencia. Hoy, Lukaku, un delantero centro, ha dejado pasar un balón en el último minuto del partido frente a Japón. Por detrás venía un compañero solo que ha marcado. Último minuto, te juegas el pase y eres el delantero centro. ¿Qué debes hacer? Lo mejor para el equipo. ¿Importas tú? No. Deja pasar el balón y que marque el que viene solo. Pobre Isco, pocas cosas más destructivas que una catarata de halagos falsos.

Rubiales no ha dicho nada de dimitir. Su hombría, que al parecer de eso se trata, sigue intacta. Lo grave es que muchos aficionados compran este comportamiento absurdo. No hay otro mundial hasta dentro de cuatro años. Quién sabe dónde estaremos entonces.

Alemania cayó. Jugando como jugaban hace cuatro, ocho años pero mal. Como España pero con dignidad. Luego cayeron Messi y Ronaldo que parecía que jugaban ellos solos y no sus selecciones. Son buenos, muy buenos, pero no es lo mismo jugar en los muy privilegiados económicamente Madrid y Barcelona que con las actuales Portugal y Argentina. Hasta ahora, las dos grandes estrellas han sido Cavani y desde el último partido Mbappé. Cavani, todos los partidos, como líder, como jugador y como delantero centro. Mbappé destrozando a la Argentina y dando una sensación de poderío en potencia y técnica que nos hizo recordar a Ronaldo pero el brasileño. Cada balón que tocaba podía acabar en gol. Tiene 19 años. El mundial y el mundo son suyos si confirma mínimamente lo que intuimos. Por ese lado del cuadro parece clara una semifinal Francia – Brasil y por el otro Rusia – Inglaterra. Los ingleses están ante su gran oportunidad de llegar a una final y, también, de cometer un fracaso que supere todos los anteriores. Y no nos extrañaría ni lo uno ni lo otro.

El mundo neoliberal nos vende el fútbol como un juego de estrellas individuales, de desafíos entre superhombres y el fútbol son once chavales que tienen una idea común sobre como enfrentarse a los problemas. Es más fácil ganar partidos desde la búsqueda solidaria del bien común que con revoluciones de colores y sus líderes de diseño. Lo importante es el equipo, la comunidad: si el que llega detrás está solo, deja pasar el balón. Gracias, Lukaku.

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