El antiguo Los Cármenes | Foto: Gabinete

OPINIÓN GP | FRANCISCO GONZÁLEZ GARCÍA | DESDE EL FONDO DE LA CÁRCEL

Los aficionados del Granada CF, como los muchos aficionados al fútbol de todo el mundo, sufrimos al ver gradas vacías, sufrimos al no poder animar a nuestro equipo en nuestros estadios. La pandemia mantiene los campos cerrados aunque llena las arcas de las televisiones. Y como he dicho, esto no es fútbol pero parece que hay que conformarse. ¿En verdad?  ¿Y puede haber aficionados en campos de segunda B o en tercera, y no en el futbol profesional? ¿Y se pueden organizar otro tipo de espectáculos con público y no de futbol profesional?

Comprendo que será difícil de organizar y que deberíamos dar ejemplo de educación y buen hacer, pero lo más fácil es negarse bajo la excusa, digo bien excusa, de la salud. Por supuesto que es lo primero, pero ¿no estamos dando por supuesto que todos los aficionados al fútbol son unos descerebrados? Duele pensarlo.

Y a los “granadinistas” nos dolía el corazón cuando querían acabar con el club;  nos dolía cuando se inventaron otro equipo sin corazón ni alma; nos dolía cuando en campos de tierra de la provincia lo pitaban e insultaban (maldita aquella memoria de unas palabras  gritadas por toda una tribuna: “puta granada, puta capital”, en un estadio de una ciudad de nuestra provincia que por deferencia a los buenos ciudadanos de esa ciudad no quiero nombrar); nos dolía cuando perdíamos siempre el último partido en aquellas liguillas de ascenso que nunca ganábamos. Nuestro corazón sufría en aquellas amarguras. Todos los que estábamos con el equipo en esos años llevábamos el dolor adherido al pericardio, era una angina de pecho continuada. Era como un amor no correspondido.

Luego fueron llegando las alegrías y en los últimos 10 años hemos disfrutado como casi nunca. Los ascensos desde la tercera y la segunda b, y sobre todo el volver a la primera división y disfrutar durante seis temporadas de esa categoría. Bueno, disfrutar con mucho sufrimiento en la mayor parte de los años. Dolor casi insoportable aquella temporada con un equipo calificado como de la ONU (recuerden once jugadores de once países distintos). Todo fuera porque los jóvenes no tuvieran que seguir viviendo sólo de las memorias en blanco y negro de los años 70.

Y ahora estamos disfrutando como nunca. Nunca nuestro equipo, recién ascendido a la primera, había jugado tan bien, alcanzado una semifinal de copa, y clasificados por primera vez para Europa.

Tres partidos en Europa y tres triunfos. Nunca tantas victorias seguidas, nunca tantas cosas y nunca el corazón tan dolorido por no poder ir al estadio. Ahora comprendo el dolor de los “granadinistas” que viviendo fuera de la ciudad no pueden ir al campo en condiciones normales.

Y ahora nos duele el corazón, nos duele de alegría. Una alegría agridulce.

REDACCIÓN

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