El antiguo Los Cármenes | Foto: Gabinete

OPINIÓN GP | FRANCISCO GONZÁLEZ GARCÍA | DESDE EL FONDO DE LA CÁRCEL

Cuando se conoció el calendario de la temporada 2019-2020, además de no entender mucho lo del sistema asimétrico que hace que ya no se repitan los partidos en orden inverso, he de reconocer que no me gustaban los últimos partidos en casa. Resultaba que teníamos al Valencia, Madrid y Bilbao. Un Valencia que no hay forma de ganarle, un Madrid que intuía podría estar jugándose el título y un Bilbao que siempre es complicado.

Y fuera con el Mallorca que estaría luchando por salvarse, como recién ascendido. Lo único que me gustaba era ir a San Sebastián, donde últimamente sacábamos buenos resultados llegando con el agua al cuello. Claro que todas esas cábalas tenían una premisa: íbamos a sufrir para salvarnos.

Dicen que las estadísticas están para romperlas aunque siempre las usamos buscando alguna certeza. Y las estadísticas decían que en las 6 temporadas anteriores de nuestra presencia en primera, salvo en un caso, la permanencia se firmaba en la última jornada. Esa era la premisa.

Condición que empezó a romperse casi en la primera jornada cuando le empatamos a 4 a todo un Villarreal, y luego le ganábamos al Barcelona, y éramos lideres virtuales al ganarle al Osasuna, etc, etc. Las estadísticas se iban rompiendo. Le ganábamos al Valencia en Copa, éramos semifinalistas de la misma, estuvimos a 8 minutos de meternos en la final. En definitiva que cuando estalló la crisis del coronavirus el equipo tenía 38 puntos a falta de 11 jornadas. Todos teníamos claro que íbamos a salvarnos y aún más cuando en el primer partido tras el reinicio de la competición llegábamos a 41 puntos.

El Celta se ha salvado con 37 puntos, uno menos que los que tenía el Granada en la jornada 27. Aun cuando sea ficticio, podríamos decir que sin haber obtenido ni un solo punto casi hubiéramos salvado la categoría. Siendo precisos esas cuentas serían erróneas pues contra Leganés y Mallorca sacamos 4 puntos, y si se hubieran perdido esos partidos el Leganés habría alcanzado los 38 y el Mallorca los 36, aparte el efecto sobre otros equipos y sobre la propia dinámica de la competición. Ya saben que con los números se pueden hacer muchas cuentas y casuísticas varias.

Valga un ejemplo que ilustra lo que ha sido la liga de once partidos tras el confinamiento. La clasificación en puntos de esos 11 partidos sería: 1. Madrid 31 puntos; 2. Atlético de Madrid 25 puntos; 3. Barcelona 24 puntos; 4. Sevilla 23 puntos; 5. Villarreal 22 puntos; 6. Granada y Osasuna 18 puntos. 8. Levante 16 puntos; 9. Eibar 15 puntos; 10. Bilbao 14 puntos; 11. Real Sociedad, Valladolid y Leganés 13 puntos; 14. Valencia y Celta 11 puntos; 16. Getafe, Betis y Mallorca 8 puntos; 19. Alavés 7 puntos; 20. Español 5 puntos. Comparen con la final, si quieren seguir con estadísticas.

Nuestro Granada CF estaba en novena posición en la jornada 27, con 38 puntos (el 46,9% del total, 38 de 81). En 11 jornadas tras el parón obtuvimos 18 puntos de 33 (el 54,5% del total), es decir mejoramos aunque en casa perdimos tres partidos, empatamos uno, y ganamos dos; pero fuera ganamos tres y empatamos dos y ninguna derrota. Histórico.

En definitiva, la historia del Granada CF, en esta atípica temporada, no ha sido la historia habitual, muy al contrario. Hemos escrito historia con mayúsculas, hemos escrito con letras de colores la historia del equipo. No repetimos el sexto puesto de los años 1972 y 1974 por una mínima diferencia de un gol con la Real Sociedad, pero siendo séptimos estaremos en competición europea por primera vez en nuestros 89 años de existencia.

Cuando llegue abril de 2021, si es que el virus permite que tengamos fútbol, puede que estemos aún en competición. He de decir que tengo un tremendo miedo a que jugar en Europa nos pase factura en la Liga (que es lo importante) y por ello yo era de los que casi prefería quedar fuera de Europa. Pero, caray, estábamos ya tan cerca… Y la tremenda ilusión que para los jóvenes supone ver al Granada en Europa, bien merecido está.

Por hacer un símil, al igual que los madridistas soñaban con ver una copa de Europa en color y dejar de vivir de aquellas seis copas en blanco y negro, los aficionados del Granada ya tienen un pleno en color en este siglo XXI. Los mayores, entre los que estoy, teníamos aquellos recuerdos de los setenta, aquel “venciste a los más grandes, aun perdura en el recuerdo”… Los jóvenes ya tendrán siempre su recuerdo.

Disfrutemos de estos triunfos y de esta historia, aunque tenga el matiz amargo de no poder gozarla en el campo, abrazando al abonado próximo, al amigo de dos filas más allá, al filipino con el que hablamos en el descanso.

Añoro la ronquera de gritar los goles, el grito al árbitro (qué guapo eres), el sudor frío cuando casi nos marcan un gol y el éxtasis de marcar en el último minuto, mirar al cielo y recordar a quien me metió en la sangre esta historia.

REDACCIÓN

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